martes, 9 de julio de 2019

Entendiendo nuestras emociones

Todos nosotros somos diferentes. Nos hemos criado en entornos distintos, e incluso dos hermanos aún habiendo sido educados por los mismos padres se desarrollan de forma diferente. La educación que hemos recibido, la etapa escolar, nuestras vivencias y experiencias de la vida, nos han convertido en lo que somos hoy en día. Nuestro recorrido vital nos lleva a que actualmente sepamos expresar nuestras emociones, reaccionemos de una manera u otra y nos conozcamos mejor o peor a nosotros mismos.

El niño que durante su infancia ha visto como sus padres se discutían o alzaban la voz delante de él puede haber entendido que los gritos son una forma de arreglar los conflictos con los demás. Por contra, el que no lo ha visto se asombra cuando una persona le alza la voz.

Conocernos a nosotros mismos y entender por qué nos sentimos de una determinada manera o que nos ha provocado un enfado o entrar en rabia, nos empodera.

El autoconocimiento tiene una multitud de ventajas. En primer lugar, nos ayuda a entender por qué nos sentimos de una determinada forma y esto ayuda a estar más tranquilos con nosotros mismos. El sujeto que tiene un buen autoconocimiento cuando siente una emoción fuerte puede incluso mantener la calma y pensar "ok, me siento así por X. Esto ya me lo conozco. Lo mejor que puedo hacer ahora es...". Se responsabiliza de sus emociones. La persona entiende que una situación le ha provocado un sentimiento, toma las riendas y decide cómo lo va a gestionar. También, sabe pedir lo que necesita y se respeta a sí mismo.

Por contra, cuando no tenemos un buen autoconocimiento a veces caemos en el error de culpar a los demás de cómo nos sentimos. Imaginemos una persona que hace una broma en público y de repente otra persona se siente aludida y se enfada. Es normal que uno pueda sentirse mal. El error sucede cuando culpamos al otro en lugar de preguntarnos "¿qué me ocurre a mí con eso?" o "¿qué me tengo que revisar que ha provocado que esto me sienta mal?" El que tiene un buen autoconocimiento entiende que esa broma no ha sido dirigida específicamente a él o ella y sabe que la otra persona no tenía mala intención.

En segundo lugar, la persona con buen autoconocimiento entiende y sabe interpretar cuando el cuerpo le está mandando señales y cuando sus emociones se disparan. El individuo se siente estresado y siente dolor de cabeza. Una gestión excelente de la emoción en este caso sería 1) escuchar al cuerpo la señal que me está mandando; 2) atender a mi necesidad y 3) ocuparme de ella.

El autoconocimiento ayuda a que seamos conscientes de cuáles son nuestras fortalezas, en qué somos buenos, qué nos hace brillar y también conocer nuestras áreas de mejora. Esto es positivo puesto que incrementa nuestra autoestima.


Quien tiene buena capacidad de introspección tiene más habilidad para entender los sentimientos de los demás y tener más empatía. Pero ojo, empatizar no significa proyectar. Esto último es un error frecuente. Por ejemplo un amigo le cuenta a otro que le han despedido y el que escucha se imagina que lo está pasando tan mal como cuando le pasó a él. Es evidente que el oyente puede ser más empático puesto que ha pasado por la misma situación. El error ocurre cuando cree que el otro está experimentando las mismas emociones que pasó él. ¿Quién no te dice que quizás ya tenía pensado dejar el trabajo o ha sido una liberación? Pensar que el otro está pensando o sintiendo lo que tú pensarías o sentirías es proyectar.

Tener un nivel alto de autoconocimiento es beneficioso, no obstante, no nos olvidemos que somos humanos y que tener un buen autoconocimiento no significa que a veces no entendamos por qué nos sentimos de una determinada manera, se nos olvide atender a nuestras necesidades o no proyectemos, pues no somos seres perfectos.