martes, 22 de septiembre de 2015

Fobia: el miedo irracional

No hay ser humano que no tenga miedo a afrontar una situación, forma parte de nosotros: miedo a las alturas, a las serpientes, a hablar en público, a la oscuridad, a coger un avión, a un fracaso sentimental... El miedo es una respuesta adaptativa ante un estímulo que nos provoca pensamientos subjetivos y manifestaciones fisiológicas tales como sudoración, temblores o náuseas, entre otros.

La fobia, sin embargo, es un tipo de trastorno de ansiedad que se caracteriza por el temor irracional a una situación o elemento en concreto. Va mucho más allá y es mucho más intenso para el sujeto que el miedo que solemos sentir.

Suelen tener su origen en una situación traumática que el individuo ha padecido en su niñez, como por ejemplo un niño que ha sido mordido por un perro y desarrolla cinofobia que es el temor a estos animales. También pueden aparecer a raíz de otros trastornos psicológicos como la depresión o ansiedad.


El sujeto que sufre una fobia cuando está expuesto al estímulo que la causa desencadena un cuadro de ansiedad presentando dolores de cabeza, sensación de mareo, dificultad para respirar, sensación de ahogo, aceleración del pulso cardíaco, etc. Su reacción es de huída y evitación. Esta sintomatología la llegan a desencadenar incluso simplemente por el hecho de imaginarse tal situación.

El miedo llega a ser tan extremo que incapacita y bloquea al sujeto llegándole a limitar situaciones del día a día. Ejemplos de ello son la agorafobia (miedo a los espacios abiertos), claustrofobia (miedo a los espacios cerrados) o fobia social (miedo a enfrentarse a situaciones que requieren contacto con otros).

Independientemente de las fobias más habituales existen otras menos comunes como son la aritmofobia (miedo a los números)catisofobia (miedo a sentarse), gimnofobia (miedo a la desnudez), peladofobia (miedo a la gente calva), triscaidecafobia (miedo al número 13), omfalofobia (miedo a los ombligos) y caliginefobia (miedo a las mujeres bellas), por ejemplo.


La comprensión y empatía son aspectos fundamentales a tener en consideración si tenemos cerca a una persona que padece este trastorno, sobre todo cuando llega a ser incapacitante. Sobreproteger al sujeto de poco le ayudará, pues podemos provocar que alimente más su temor.

La mejor solución es acudir a un profesional. Existen multitud de tratamientos para tratar esta patología como la terapia cognitivo-conductual y ejercicios para afrontarla tales como visualizaciones, ejercicios de respiración, trabajar sobre los pensamientos que se tienen y exposiciones. Por otro lado, existen medicamentos que ayudan a combatirla. En dicho caso la mejor opción es combinar el tratamiento farmacológico con terapia.

0 comentarios :

Publicar un comentario