viernes, 31 de julio de 2015

martes, 28 de julio de 2015

Si creo que saldrá mal, saldrá mal

"No sé para qué estudio, si suspenderé el examen"
"No estoy bien con mi pareja, acabaremos rompiendo"
"Este empleado no creo que sea bueno en su trabajo"

¿Qué es posible qué ocurra si tenemos este tipo de pensamientos? Suspenderemos el examen, se romperá la pareja y del empleado no seremos conscientes del potencial que tiene.

¿Casualidad que se produzca lo que habíamos predecido?, ¿intuición? Rotundamente no. Este fenómeno es el que se conoce en psicología como Profecía autocumplida, un concepto creado por el sociólogo Robert Merton que nos viene a decir que las falsas creencias que tenemos respecto a un acontecimiento o una persona provoca que nuestra predicción se acabe cumpliendo.

Nuestras expectativas influyen en nuestra conducta. Así pues llegamos a actuar, de forma consciente o inconsciente, de una manera que provocamos que la premisa que nos habíamos formulado acabe sucediendo.

Si yo creo que no estoy bien con mi pareja y que esto conducirá a una ruptura, mi comportamiento provocará que por ejemplo hayan más discusiones, inseguridades y que mi manera de actuar respecto a él o ella propicie el fin de la relación.

Rosenthal y Jacobson (1968), llevaron a cabo un experimento en el ámbito educativo que demostraba este fenómeno. Se les mostró a profesores de una escuela unos resultados falsos de test de inteligencia que supuestamente se habían administrado a sus alumnos. Con esta información los profesores se crearon falsas expectativas de sus estudiantes actuando de manera diferente con los alumnos que consideraban que tenían un coeficiente intelectual por encima de la media que los que no.

Se demostró que los maestros llegaban a estimular más a los estudiantes que consideraban brillantes que a los otros, provocando que los primeros obtuvieran mejores calificaciones.


Por lo que nuestras creencias, opiniones y prejuicios influyen en nuestro comportamiento, provocando que finalmente se cumpla lo que pensábamos.

martes, 21 de julio de 2015

Carta a un entrevistador

Querido entrevistador:

Esta tarde nos vamos a conocer en persona. ¡Llevo una semana pensando en esta entrevista! Pues son varios los años los que he dedicado a estudiar y formarme en lo que realmente amo, tantos los currículums que he enviado, tantas las ofertas a las que me he apuntado, ¡que por fin! ha llegado el momento y la oportunidad que esperaba de demostrar lo que valgo.

He elegido exhaustivamente la ropa que me pondré, ¡incluso me he comprado una camisa nueva! He escrito lo que te diré y repasado varias veces, ¡no quiero que los nervios me traicionen!, he buscado cuál es la mejor manera para llegar a vuestras oficinas, supervisado el currículum que te entregaré, vigilando que no contenga faltas de ortografía e incluso he practicado con mi pareja, amigos y delante de un espejo cómo defenderé algunas preguntas que creo que me harás.

Espero que cuando llegue me esperes con una sonrisa y comprendas mis nervios, ¡hace tanto tiempo que no me enfrento a una entrevista!

Deseo que tengamos buen feeling y que esta tarde sea el inicio de una "bonita relación laboral".


Esta carta es la realidad de las personas que están en búsqueda activa. La realidad que durante cerca de tres años he vivido trabajando codo con codo con personas que ansiaban encontrar una nueva oportunidad laboral acompañándoles en su proceso de transición profesional. Experiencia que me ha sido de gran utilidad para comprender las expectativas que se tienen ante una entrevista, las inquietudes e inseguridades que uno puede tener.

Cuando trabajamos en selección de personal, nunca olvidemos que lo que para nosotros es hacer una entrevista más, la otra persona puede ver en nuestra cita su gran oportunidad y esperarla con ilusión y gran motivación. Que hacer una entrevista detrás de otra no nos lleve a perder la sensibilidad con las personas. Tenemos un trabajo bello, en el que tenemos la suerte de conocer a múltiples y válidos profesionales, ofrecerles oportunidades y el principio de una nueva etapa laboral.

Para ofrecer una buena imagen al entrevistado os recomiendo visitar mi post: Cómo causar una buena impresión al candidato.

¡Empaticemos con el candidato!

viernes, 17 de julio de 2015

¿Qué es la ansiedad?

Probablemente la mayoría de vosotros conocéis a alguna persona que haya padecido o padezca ansiedad o incluso lo habéis experimentado en algún momento de vuestras vidas.

Existen preocupaciones que años atrás no estaban tan acentuadas: angustia por no llegar a final de mes, por perder el trabajo, por sentirse obligado a permanecer en una empresa de la que te no gusta las condiciones o el puesto en sí, finalizar los estudios y afrontarse a la realidad laboral. Conflictos de este tipo que provoca malestar.

El informe de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) señala que entre los años 2000 y 2013 el consumo de antidepresivos (medicamentos destinados también para tratar la ansiedad) se han triplicado.


Antes de desencadenar un cuadro mayor de ansiedad el cuerpo es inteligente y nos manda señales. Empezamos a padecer dolores de cabeza, males de estómago, pérdida del apetito, dificultad para conciliar el sueño, tensión muscular, respiración superficial, aceleración del pulso cardíaco. Cuando estos síntomas empiezan a ser frecuentes y no hay una disfunción física definida nuestra parte emocional está fallando.

La ansiedad es un estado emocional que provoca en el individuo alteraciones en varias vertientes:

  • Físicas: Palpitaciones, taquicardia, náuseas, opresión en el pecho, sensación de mareo...
  • Psíquicas: Preocupación, nerviosismo, intranquilidad, temor a perder el control, dificultad para tomar decisiones...
  • Conductuales: Hipervigilancia, rigidez, inquietud, postura cerrada...
  • Cognitivos: Pensamientos distorsionados, dificultad para concentrarse, susceptibilidad...

Un cierto nivel de ansiedad es beneficioso porque nos ayuda a afrontar las situaciones a las que nos vemos sometidos en nuestro día a día. Pero cuando nos sentimos excesivamente sobrepasados puede desencadenar en una patología. Un trastorno que con un buen trabajo e implicación personal se puede superar.

Ciertos factores propician que un sujeto tenga más predisposición a padecer un problema de este tipo. Algunos de ellos son: la educación recibida, ser muy exigente consigo mismo, ser perfeccionista y vivir los problemas con intensidad. También las mujeres tenemos mayor prevalencia de sufrirla.

Para entender mejor qué es la ansiedad os recomiendo que leáis el post: Carta de la ansiedad para ti.

jueves, 9 de julio de 2015

Las gafas del positivismo

Las dificultades y los conflictos que nos encontramos en nuestro día a día provocan que nuestra mente active pensamientos. Tales pensamientos, como ya he citado en varias ocasiones, provocan una reacción en nuestro sistema fisiológico. Si yo pienso "no voy a encontrar trabajo nunca", me encontraré además de angustiado con un posible dolor de cabeza, de estómago, inquieto... Si en lugar de ello, pienso "mi situación de desempleo es temporal, tarde o temprano encontraré trabajo y hasta que llegue ese momento haré lo que esté en mi mano para que mi oportunidad llegue cuanto antes", mi estado de ánimo será más positivo y enérgico.

Cuando tenemos un problema hablamos con nuestro amigo, pareja, hermano, madre... para compartir nuestras preocupaciones. Un ejercicio recomendable y saludable. Nos permite exteriorizar nuestros sentimientos, pensamientos, aquellas situaciones que hemos sufrido que nos cuesta digerir y obtener una visión más objetiva e incluso relativizada.

¡Eso sí! También tenemos que ser "buenos seleccionadores". No basta cualquiera, hay personas que aunque tengan buenas intenciones, son provocadores de mayor malestar, nos trasladan mayor ansiedad o simplemente podemos no sentirnos completamente comprendidos.

La vida la vemos con unas gafas determinadas. Unas gafas que nos acompañará siempre y en las que su graduación está influida por las experiencias del pasado, lo que nos ha dejado huella, lo que sabemos, nuestros temores, pensamientos. Unas gafas que a veces nos bloquea o por el contrario nos empuja a la acción.

A veces provocan que nuestra visión sea limitada, que no podamos ver con claridad de lejos, nuestro futuro, de cerca, nuestro presente. Que no veamos con claridad los campos laterales, las alternativas.


Cuando hablamos con esa persona para compartir nuestro problema nos gustaría quitarnos nuestras gafas, prestárselas y que así pueda experimentar cómo nos sentimos. Pero no es posible, por mucho que alguien sepa empatizar, solo sabemos nosotros exactamente cómo nos sentimos y cómo vivimos esa situación que nos entorpece.

No podemos prestar nuestras gafas, ni cambiarlas, pero sí que podemos modificar su graduación. Cada uno tenemos un potencial a desarrollar, podemos aprender a vivir nuestros problemas mejor, a gestionar nuestras emociones más favorablemente. Lo complicado es desaprender. Desaprender lo que nos han estado repitiendo una y otra vez cuando éramos pequeños, desaprender lo que nos decimos cuando estamos decaídos, nuestros patrones de conducta. Implica trabajo pero no es tarea imposible.

Frases como "es que yo soy así". "a mi edad ya no voy a cambiar", "que le voy a hacer", no sirven. Modificar nuestras gafas en ocasiones es difícil hacerlo por nuestra cuenta sin la ayuda de un profesional, un guía que nos acompañe. Una buena decisión. Que no te dé temor pedir ayuda. Es un paso valiente, no todo el mundo se atreve a exponer sus sentimientos y a conocerse mejor uno mismo.

Cambiar la graduación de tus gafas depende de ti ¡No lo olvides!

viernes, 3 de julio de 2015

Clima laboral: cuándo y cómo hacer un estudio

Como ya comenté en mi anterior post Clima laboral: el aire que se respira, el ambiente de trabajo es uno de los aspectos más valorados por los empleados. Y es que prácticamente estamos más tiempo en la oficina que en nuestro hogar. Son muchas las horas que compartimos con nuestros compañeros de trabajo, con nuestro jefe... por lo que una de nuestras funciones como profesionales de recursos humanos es velar porque el "aire que se respira" sea satisfactorio y qué mejor para ello que llevar a cabo un estudio de clima laboral.

No obstante, antes de ponernos manos a la obra es vital considerar los siguientes aspectos:

1. Lograr el compromiso de la Dirección: Antes de nada, debemos de conseguir el apoyo e implicación de la Dirección de la empresa, que entienda la importancia de hacer un análisis de clima, por qué es bueno para la compañía y qué beneficios se pueden obtener. De poco sirve que recursos humanos reme, si se va a estrellar contra un muro porque la Dirección no le apoya.

2. Estudiar si es el momento oportuno para llevarlo a cabo: Periodos como la evaluación del desempeño, reestructuración de la plantilla o cambios salariales no son los más adecuados ya que los resultados posiblemente estén alterados.

Fuera de estas situaciones de grandes dimensiones, sí que existen factores tales como exceso de rotación, desmotivación, aumento de accidentes de trabajo, absentismo laboral que nos indica que algo está fallando y es en estas circunstancias dónde estaría bien plantearse realizar un análisis de clima.

3. Analizar si a través del estudio es posible hacer cambios en la organización: Es fundamental que cuando una empresa se plantea hacer un estudio de este tipo es porque es capaz de asumir los resultados, tanto favorables como desfavorables, y tomar medidas respecto a ello.

Preguntar a los empleados sobre su nivel de satisfacción en cuanto a la cultura empresarial, relaciones interpersonales o política retributiva para que posteriormente quede en el olvido generará desconfianza hacia la organización y frustración.

Si haces un estudio de clima laboral es porque puedes asumir los resultados y promover cambios


4. Realizar un plan de comunicación: Informar a los empleados de que se realizará un estudio de clima laboral, explicar en qué consiste y cuáles son los objetivos.

Existen múltiples canales para dar a conocer nuestro estudio: correo electrónico, intranet, reuniones... Utilizar unos u otros dependerá de aspectos como la dimensión de la plantilla o recursos tecnológicos que se dispongan, por ejemplo.

5. Enfatizar que la participación es voluntaria y anónima: Imprescindible informar de ello para que los trabajadores no se sientan violentos, teman consecuencias negativas y se sientan con absoluta libertad en ofrecer su opinión. Para ello uno de los procedimientos que se podría hacer es que los empleados entreguen su cuestionario (si se decide que sea la herramienta de evaluación) en un buzón.