jueves, 24 de julio de 2014

¿Qué es el coaching?

Hola amig@s,

Hoy con gran ilusión dedico mi post a un ámbito profesional que a mí personalmente me fascina. Varios de vosotros ya me habéis preguntado alguna vez qué es esto del coaching y que mejor que una experta con dilatada experiencia en el campo lo explique.

Por ello, en este post cuento con la participación de Cristina Morales Romera, una profesional que tiene mi completa admiración, porque además de haber compartido proyectos y haber sido mi responsable, me ha ayudado a crecer a nivel profesional y más importante a nivel personal.

Cristina, psicóloga de base, cuenta con un posgrado en coaching, máster en recursos humanos y además actualmente está formándose en terapia Gestalt. Dispone de experiencia como coach ejecutivo y personal y como responsable de recursos humanos.

Toda una fuente de sabiduría que hoy tengo el privilegio de compartir con vosotros.

¡Aquí os dejo la entrevista!

  • ¿Qué es el coaching?

Es una metodología de acompañamiento por parte del coach a una persona, el coachee, que se plantea conseguir un objetivo, personal o profesional.

Es un proceso de auto exploración con intención de pasar a la acción, una exploración de creencias, habilidades, pensamientos, hábitos... en la que se aprende y se genera la transformación del coachee, mejorando el rendimiento o la calidad de vida.

  • ¿Qué es y qué no es un coach?

Te lo resumiré en una palabra: El coach es un facilitador. Con sus preguntas facilita que el coachee explore, cuestione, diseñe, haga, se acerque, se motive y se enfoque hacia sus objetivos. Crea espacios de reflexión desde cuyas conclusiones el coachee marca su camino al objetivo que quiere alcanzar. La responsabilidad de lo que sucede, y de lo que no sucede, es del coachee.

Un coach no es un asesor, un consultor, nunca opina, no es un experto que aconseja al cliente qué debe hacer, sino que proporciona el ambiente en el que surgen los diferentes escenarios en los que el objetivo del coachee aparece.

  • ¿Cuál es el perfil de un experto en este campo?

¿No te ha pasado alguna vez que has hablado con alguien y al separarte tienes las ideas más claras? El coach es un profesional del acompañamiento, alguien que domina el arte de hacer preguntas, de estar al lado del coachee en su exploración y un experto en generar espacios de reflexión seguros desde el cual plantear acciones.

En mi opinión, el coach no tiene por qué ser un experto en la materia que el coachee trabaja o un experto en su vida personal, pero sí debe ser un experto en coaching.

Por ejemplo, para acompañar a un directivo de banca en su proceso de asumir y adaptarse a los cambios del sector y conseguir ser mejor como conductor de su equipo no haría falta saber nada de economía, pero sí de qué tipo de preguntas y ejercicios le pueden ayudar a explorar y sacar conclusiones al respecto. De ahí a crear un plan de acción hay un paso.

  • ¿Cómo podemos detectar a un falso coach?

El punto es que si hay falsos coaches entonces asumimos que hay coaches “verdaderos” y ¿qué hace que un coach sea “verdadero”? ¿Una formación al respecto? ¿Una certificación? ¿Qué obtenga resultados? ¿En qué nos fijamos?

Se me ocurre que el “coach verdadero” no tiene la respuesta a ninguna de las preguntas que el coachee se hace, ni sabe cómo alcanzar lo que se propone, pero sí tiene la curiosidad como para formular preguntas potentes que generen exploración.

  • ¿Qué metodología se utiliza en un proceso de coaching? 

La herramienta del coach por excelencia es la pregunta. Ésta provoca el autoconocimiento del coachee y le ayuda a explorar y a explorarse. Son preguntas que le sacarán de sus patrones de pensamiento habituales y le harán salir muchas veces de su “zona de confort.


En ese diálogo desde nuevas perspectivas el coachee llega a darse cuenta de aspectos fundamentales y desde ellos se realiza la transformación. En el “darse cuenta” está la clave del trabajo. Una pregunta bien formulada, realizada en el momento adecuado, puede ser muy poderosa y generar un gran impacto en el coachee.

En la misma vía, y dependiendo de la escuela con la que el coach comulgue, el profesional puede utilizar otro tipo de herramientas y ejercicios tales como visualizaciones, ejercicios en papel, calendarizaciones, incluso herramientas tecnológicas.

En mi opinión, lo interesante es que el coach disponga de una batería de ejercicios y recursos que irá poniendo en juego en función de las necesidades de exploración del coachee y del proceso en sí y que respeten la alianza creada entre ellos.

  • ¿En qué áreas te puede ayudar el coaching?

El coaching tiene distintas áreas de aplicación: profesional, tanto individual como de equipos, y personal, o life coaching.

En el área profesional tiene mucha más presencia, ya que nació para desarrollarse allí, pero cada vez más las demandas de los coachees son del ámbito personal: quiero afrontar una conversación importante con mis padres, quiero ser más asertivo con mi pareja,... de hecho, el coaching de pareja es uno de los ámbitos con mayor crecimiento de demandas.


En el área profesional, las organizaciones solicitan procesos para sus profesionales muchas veces con el objetivo de mejorar una de sus facetas de desarrollo o también incluyen el coaching como una herramienta de sus directivos o gestores de equipo, apostando por el líder-coach que pueda conducir a su equipo al desarrollo óptimo en todos los sentidos. El coaching de equipos es una herramienta muy poderosa, que ayuda a alinear y motivar a sus miembros hacia un objetivo común.

  • ¿Sustituye a la terapia clínica? 

Rotundamente, NO. Es cierto que la filosofía del coaching está alineada con la base de las terapias humanistas, en el sentido de que es vivencial, busca explorar el aquí y el ahora con la mirada puesta en el futuro, parte de que el potencial del cliente es infinito y que depende del coachee, pero ante la psicopatología más grave es necesario derivar al coachee a otro profesional que le ayude a indagar en aspectos bloqueados con más profundidad. Sin embargo, algunos terapeutas utilizan el coaching como una herramienta más en la terapia.

martes, 15 de julio de 2014

La comunicación no verbal en la entrevista

La comunicación no verbal es el envío y recepción de mensajes sin utilizar palabras. Nuestros gestos, expresiones faciales, forma de sentarnos, velocidad al hablar… transmiten y dan pistas al interlocutor de aspectos como nuestro estado de ánimo, motivación o seguridad.

Albert Mehrabian, un reconocido psicólogo alemán experto en el tema, desarrolló la regla 7 - 38 - 55, la cual determina que cuando emitimos un mensaje el 55% del mismo recae en nuestro lenguaje corporal (postura, gestos, mirada…), el 38% en factores relacionados con la voz como el tono y la entonación, y solo el 7% en lo que decimos, es decir, en nuestra comunicación verbal.

Más importante que lo que decimos, es el cómo lo decimos

Por ello, es importante que cuando estés en una entrevista procures que tu comunicación no verbal sea positiva y no se contradiga con lo que dices.

Algunos puntos a tener en consideración son:

1. Estrecha la mano con firmeza: Dar la mano al entrevistador es el primer contacto que tienes con él y que generará sus primeras impresiones. Hazlo con seguridad, procurando no hacerlo con mucha fuerza llegando a ser agresivo pero tampoco excesivamente débil.


Algunas personas dan el conocido como apretón del “pez muerto” en el que dejan la mano caída sin ejercer ningún tipo de fuerza. Esto generará al entrevistador sensación de inseguridad.

Por otro lado, no te preocupes excesivamente si te sudan las manos ¡Es normal! Una situación de entrevista nos provoca cierto nerviosismo e incertidumbre y eso los entrevistadores lo saben.

2. Sonríe: La sonrisa indica nuestra motivación,  entusiasmo y estado de ánimo. Si eres una persona más bien seria tampoco te fuerces a sonreír, pues el entrevistador notará algo extraño y se sentirá confundido.

3. Mantén la distancia con el entrevistador: ¿Alguna vez os ha pasado que estáis hablando con una persona y se os acerca tanto que os llega a incomodar? Notáis que os está invadiendo vuestro espacio. Esto es lo que no tenemos que provocar al entrevistador, un acercamiento tan alto que le lleguemos a violentar.

Lo ideal es mantener una distancia de entre 50 a 75 cm, que es la que tenemos con personas que corresponden a nuestro ámbito social (compañeros de trabajo, personas que hay en una fiesta…) pero con las que no tenemos un lazo muy íntimo.

¡Ojo! La distancia con el interlocutor también dependerá de la cultura de éste.

4. Mira a los ojos: El contacto visual es vital para que el entrevistador perciba que le estamos escuchando y estamos interesados. No obstante, mirarle fijamente puede incomodarle y percibirlo como una señal de hostilidad. Por contra, si miramos mucho hacia abajo, puede pensar que estamos inseguros.


Si hay varios entrevistadores, intenta mirarles a todos, aunque no te pregunten. De esta forma los harás sentir como parte de la entrevista y del momento.

5. Procura tener una buena postura: Tu postura tiene que ser abierta y relajada. Inclinarse ligeramente hacia adelante indica interés en el otro y en lo que te explica.

Evita tener los brazos cruzados, las manos escondidas o estar excesivamente respaldado hacia atrás. Tampoco mezas la pierna, aunque creas que te tranquiliza, lo que haces es alimentar tu nerviosismo además de dar una imagen al otro desfavorable.


La comunicación no verbal no es un tema por el que te tengas que obsesionar, ¡simplemente hay que tenerla en cuenta!

jueves, 10 de julio de 2014

Empatía: sentir cómo se siente el otro

“Saber ponerse en el lugar del otro y entender cómo se puede sentir”. En pocas palabras esto es empatía. Un elemento clave de la inteligencia emocional y una habilidad dentro de la comunicación interpersonal que garantiza relaciones exitosas.

Como profesionales de recursos humanos es fundamental tener esta competencia desarrollada. Es la base para entender a los demás, comprender sus sentimientos y responder en consonancia.

La empatía es saber mirar el mundo “desde los zapatos” que lleva la persona que tenemos delante. Comprender porque ante una determinada situación su conducta y sus pensamientos son de tal manera y transmitirlo.


¿Os ha pasado que habéis explicado un problema a alguien y os ha contestado frases como “no te preocupes”, “todo saldrá bien” o “no llores”? Esa persona lo habrá dicho con toda su buena intención pero la realidad es que no nos ha ayudado mucho. No hemos sentido esa comprensión que tanto necesitábamos.

Respuestas como “no te entiendo”, “no sé por qué te has puesto así” o “no es para tanto” demuestran una falta de empatía que generará que el otro se sienta frustrado e impotente.

Un sujeto carente de este rasgo es visto como torpe socialmente, frío y distante. Un individuo empático es sensible, sabe hacer una escucha activa y lee la comunicación no verbal del otro llegando incluso a adelantarse. Además genera simpatía y cercanía en los demás.

La empatía no implica compartir la opinión del otro pero sí entenderla

Cuando queremos transmitir un mensaje es importante tener en cuenta quién tenemos delante, escoger las palabras que serán más adecuadas considerando cómo es él o ella, su situación actual y la forma de reaccionar que suele tener. Pues un mismo mensaje puede llegar a ser interpretado por dos personas de una forma completamente diferente.

La empatía es fundamental para ser hábiles socialmente, para aquellas organizaciones donde el trabajo en equipo es la esencia y para profesionales que tienen un empleo que requiere el contacto con los demás o que su posición implica supervisar a otros.

“No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”
Antoine de Saint Exupery (El Principito)

jueves, 3 de julio de 2014

¿Me cambio de trabajo?

Son muchas las personas que hoy en día, y siendo conscientes de la complicada situación actual que vivimos, se plantean un cambio profesional. Los recortes de personal con el consecuente aumento de trabajo en los empleados que sobreviven en la empresa, es una de las grandes quejas de los trabajadores. Por otro lado, no son pocas las personas que deciden presentarse voluntariamente a un ERE sabiendo que su futuro más cercano será encontrarse con el desempleo. ¿Qué está provocando esta fuga del talento?

Como profesionales de recursos humanos es nuestra labor velar por el bienestar de las personas, fomentar que no somos números, escuchar, comprender, actuar y tomar decisiones.

En mi post de hoy os explico ocho motivos más que suficientes para plantearte un cambio profesional.

1. El clima laboral es tóxico: Son tantas las horas que estamos en nuestro puesto de trabajo que respirar un clima sano y positivo es, bajo mi punto de vista, una necesidad básica. Los comentarios negativos, las discusiones frecuentes entre compañeros, jefes gritones, faltas de respeto… hacen nuestro día a día prácticamente inaguantable.

2. Hay una falta de reconocimiento: Trabajas a destajo, desde la oficina, desde casa, te implicas más de lo que te exigen pero no llega ni una simple palmadita en la espalda. La falta de feedback positivo o de simplemente decir “lo estás haciendo bien” o “gracias”, genera frustración y rabia a los empleados.


3. Las condiciones son injustas: Sí, sabemos que los salarios han bajado considerablemente y que ahora algunas empresas se rigen por la regla del más por menos: más horas, más esfuerzo, más implicación por menos salario, menos reconocimiento, menos oportunidades. Aún y así, ¿sabes que es lo que ofrece la competencia?, ¿has echado un vistazo a ofertas de tu perfil, visto las condiciones que ofrecen y lo que tienes está por debajo de mercado?, ¿has hablado con otros profesionales del sector?

4. No hay posibilidad de crecer: Conoces tu trabajo perfectamente, tanto que te aburre y te resulta rutinario, y en tu empresa no es posible asumir más u otras responsabilidades. ¡Sal de la zona de confort y persigue nuevos retos!

5. Sientes inestabilidad en tu puesto de trabajo: Los despidos recurrentes, el descenso considerable de la producción, la incertidumbre, temer ser llamado al despacho del director con el mensaje “¿Podemos hablar un momento?” producen malestar en el trabajador. Hoy en día, nada es seguro, el contrato indefinido para toda la vida ha pasado a otra historia.


6. No compartes las políticas de la empresa: Aspectos como estar disconforme con la metodología, forma de trabajar, de tratar al personal, estrategia y/o cultura organizacional pueden causar una pérdida de compromiso del empleado.

7. Estás quemado: ¡No aguanto más! Si se te hace cuesta arriba ir al trabajo, te sientes al límite, solo escuchar algo relacionado con tu empleo te agobia, ¡stop! Descansa, reflexiona y toma decisiones antes de que llegues a más.

Como comenté en mi post de noviembre de ¿Vives para trabajar o trabajas para vivir?, el síndrome de burnout o desgaste profesional puede perjudicar tu salud provocando mareos, migrañas o problemas gastrointestinales. ¡Tu salud es lo primero!

8. No te gusta tu trabajo: El trabajo perfecto no existe. Algunos aspectos nos gustarán más que otros, lo importante es ver el aprendizaje que podemos obtener y la parte positiva de lo que no nos agrada.

Si tu empleo te resulta completamente insatisfactorio, no le encuentras el sentido y piensas "¿Qué hago yo aquí?”, son motivos más que suficientes para plantearte marcharte de la empresa.

Una de las apuestas más arriesgadas y ambiciosas es emprender. Una opción muy común para aquellas personas que quieren ser su propio jefe, ven en el autoempleo una buena opción para seguir adelante o desean hacer un cambio para dedicarse a lo que realmente les motiva.


¿Te sientes identificado con uno o varios motivos que he comentado? No somos árboles plantados en un sitio incapaces de movernos. Puedes cambiar, simplemente ¡Atrévete! ¡De poco sirve quejarse y lamentarse sin tomar cartas en el asunto!