martes, 14 de enero de 2014

Mobbing: cuando el trabajo se convierte en una pesadilla

El mobbing, también denominado acoso laboral, es una situación en la que una persona o un grupo ejerce una violencia psicológica sobre un individuo de forma recurrente durante un tiempo prolongado.

En 1996, Zapf, Knorz y Kulla agruparon una serie de conductas propias del mobbing en 7 factores: 1) ataques a la víctima con medidas organizacionales; 2) ataques a las relaciones sociales de la víctima con aislamiento social; 3) ataques a la vida privada; 4) violencia física; 5) ataques a las actitudes de la víctima; 6) agresiones verbales y 7) rumores.

Ejemplos de conductas propias del acoso laboral son restringir a una persona la posibilidad de hablar con otros, ridiculizar sus ideas o su trabajo, ignorarla, atacar a sus creencias, amenazarla, gritarla, insultarla, sobrecargarla de trabajo, no asignarle tareas o mandarle tareas sin sentido o por debajo de sus capacidades… y un largo etcétera.

Se puede producir de jefe a subordinado, de subordinado a jefe y entre iguales.

Las consecuencias para el trabajador afectado son a nivel psíquico, ansiedad, miedo, sentimiento de fracaso, impotencia, frustración y/o baja autoestima, llegando algunas personas a sufrir depresión, trastornos del sueño, problemas de concentración y de atención, conductas adictivas o pensamientos paranoides. Físicamente, el sujeto puede padecer trastornos psicosomáticos y musculo-esqueléticos. A nivel social, estas personas pueden acabar siendo muy desconfiadas, hipersensibles, a tener sentimientos de ira y rencor, y presentar conductas de aislamiento.


El perfil de la víctima es muy variado, aunque suelen ser profesionales válidos y sobresalientes en su trabajo de forma que el acosador siente envidia, individuos sin maldad y con buena fe o sujetos que son discriminados por factores como su orientación sexual, creencias religiosas o políticas, etc.

El acosador suele ser celoso, inseguro, presenta rasgos narcisistas y tiene la necesidad de controlar todo.

Para afrontarlo, es importante que la víctima no se culpe de la situación que está atravesando. Puede confundirse, malinterpretar… pero tiene que tener claro que el mal que están ejerciendo los demás sobre él o ella no lo ha provocado ni se lo merece. Debe de actuar. Ser asertivo, luchar para que esta situación termine y no venirse abajo.

Si hablar con el acosador no soluciona nada, es recomendable que acuda a sus superiores o a Dirección.

En caso de sentirse muy afectado, lo mejor es que busque ayuda profesional. Para denunciarlo, es importante que haya registrado todas las acciones con detalle para hablar con argumentos firmes.

Por otro lado, las empresas pueden tomar medidas de prevención para evitar que lleguen a producirse este tipo de situaciones. La primera acción es establecer un modelo de acogida cuidadoso de las personas recién incorporadas. 

El rol de la dirección es promover los valores y normas de la organización y conocer y saber cómo gestionar los conflictos de este tipo.

Además, es vital que la empresa vele por la comunicación y buena relación entre los empleados, a través del entrenamiento en relaciones interpersonales o incluso realizando actividades lúdicas fuera de las oficinas que fomenten un buen clima. 


Los responsables de equipo por su parte, deben de estar al tanto de las personas que dirigen y prestar atención a comentarios y cambios de comportamiento. Sobre todo no infravalorar ni restar importancia al malestar que sufre un empleado. Otras acciones a tener en cuenta es asignar tareas en función de las capacidades del trabajador, evitar la desmotivación a causa de un trabajo monótono, promover el desarrollo de los empleados y liderar con el ejemplo.

El artículo 173 del Código Penal de España contempla el mobbing como un delito contra la integridad moral. El acosador puede ser castigado con una pena de prisión de mínimo de seis meses.

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