martes, 3 de diciembre de 2013

¿Qué pensamientos nos limitan en el trabajo?

Seguramente en tu experiencia profesional has tenido un compañero que todo lo ve mal, que cualquier imprevisto le molesta profundamente o que le preocupa excesivamente qué pensarán los demás de él. Incluso ante una misma situación y contexto es curioso observar como dos personas obtienen conclusiones completamente dispares.

Un pensamiento es una idea o producto elaborado por nuestra mente.

Algunas veces las personas tienen pensamientos desagradables que acaban afectando al estado anímico y conducta. Si yo pienso “no haré bien este trabajo”, seguramente me sentiré insegura y tensa.

Los pensamientos distorsionados se caracterizan por ser ideas no sustentadas en la realidad, sin fundamento, conducen a errores y sobre todo a un gran malestar. Todos distorsionamos, de no ser así ¡seríamos seres perfectos!, la cuestión está cuando lo que pensamos nos bloquea o nos angustia en el trabajo.

Algunas de las distorsiones más frecuentes son:


Debería: La persona dispone de un listado de normas inflexibles respecto a cómo tiene que actuar tanto ella como los demás. De no ser así, el sujeto se siente enojado y/o culpable.

“Tengo que dar siempre el 100%”, “en el trabajo siempre tengo que parecer templado” o “mi jefe me tiene que entender”.

La excesiva rigidez puede perjudicar sobre todo cuando un empleado trabaja en un entorno cambiante y dinámico. Las reglas que te autoimpones no son absolutas, permítete “saltártelas” de vez en cuando.

Etiquetas globales: A partir de uno o dos rasgos de personalidad, un individuo concluye cómo es otra persona: “es mala”, “no es de fiar”…

Considera todas las cualidades que tiene el otro. Si haces una conclusión de este tipo de algún compañero sin valorar las virtudes que tiene, puedes sentirte incómodo si tienes que trabajar en equipo con él.


Filtraje: Consiste en focalizar la atención únicamente en los aspectos negativos de una situación y además exagerándolos. Esta distorsión también es denominada visión túnel.

“¡Hoy ha sido un día totalmente horroroso!” o “¡esto no puedo aguantarlo más!”.

En un día pésimo de trabajo escribe tres cosas buenas que te han pasado a lo largo del día. Verás como todo no ha sido tan horrible.

Interpretación del pensamiento: El sujeto cree saber qué está pensando otra persona y por qué se comporta de una determinada manera. 

“Mi jefe me está mirando muy serio. No le ha debido de gustar lo que he dicho”.

Intentar “adivinar” qué opinan o piensan los demás solo nos conducirá a muy probablemente caer en el error y a incrementar nuestro malestar.

Pensamiento polarizado: Se trata de evaluar una situación sin matices. Las cosas son blancas o negras, buenas o malas. 

“Si fallo en esto significa que soy un inepto profesionalmente”.

¡Qué presión y que duro hablarse así!

Piensa en una escala del 1 al 10, donde el 1 es un profesional inepto y el 10 es la excelencia. Ahora puntúate. ¿De verdad por no haber obtenido el resultado que esperabas te vas a puntuar con un 1? ¡No te olvides de los términos medios!

Razonamiento emocional: La persona considera que lo que siente es verdadero y por lo tanto real. 

“Siento que me van a despedir, por lo tanto es probable que lo hagan” o “me siento inútil, eso es que lo soy”.

La emoción está jugando un papel duro, te impide pensar con claridad e incrementa la negatividad. En un momento favorable, ¿pensarías igual?

Tómate tiempo para extraer conclusiones y relativiza las cosas.

Sobregeneralización: Se extrae una conclusión a partir de un hecho aislado, de forma que el sujeto piensa que le ocurrirá una y otra vez.

Un ejemplo sería una persona que le ha ido mal impartir una charla y piensa que nunca las hará bien.

¿Es razonable esa conclusión? Analiza el grado de congruencia.

Visión catastrófica: Se espera que pase lo peor y el desastre. 

“¿Y si no sale bien?” o “¿y si me despiden por esto?”.

Cuestionar algo careciendo de información y sin una base no tiene sentido. Y en cualquier caso, ¿qué es lo peor que podría ocurrir si sucediera?, ¿sería algo realmente grave o un contratiempo?, ¿hasta qué punto sería malo? y ¿esto tan malo durará siempre?


Lo importante es aprender a hablarte a ti mismo bien y con delicadeza. Es un trabajo constante, pues algunos pensamientos son frases lapidarias que se han recibido una y otra vez en la niñez (p.e: “si no lo vas a hacer bien, ¡no lo hagas!”). La buena noticia es que lo puedes cambiar, ¡en tu mano está!


"Haz que tu cabeza trabaje a favor tuyo y poco a poco adquirirás la costumbre de no molestarte cuando las cosas vayan mal"
Wayne W. Dyer

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